jueves, 21 de junio de 2012

Selectividad.

Me levante mucho antes de lo normal, no me podía creer que ya hubiera llegado ese día, después de tanto esfuerzo, tanto sacrificio, tantas horas, días, semanas, meses, llego el día en el que tenía que demostrar todo lo que valía. Un doce de junio, la prueba de acceso a la universidad se presentaba desafiante ante mí ese día. Desayune con nervios y  recogí los apuntes que se encontraban en el escritorio. Llegue a la ciudad universitaria, busque el edificio que habían asignado a mi colegio, el edificio de ciencias, en concreto el de Física, lo encontré y en la entrada había varios grupos de estudiantes de mi misma edad y en mis mismas condiciones. Busque con la mirada algún rostro conocido y vi a algunos de mis compañeros de clase y algunos profesores. Avance hasta ellos y suspire. Ahí se formo un nerviosismo colectivo, todos preguntando a la vez, “¿esto entra?” “¿Tu que te has dejado de estudiar?” “¿Cómo se llama el autor de ese libro?” “Pero nos llaman por apellidos o por el nombre” “¿Y las clases como son?” Era un caos general, todos estábamos con esa sonrisilla nerviosa intentando recordar mentalmente todo lo estudiado. Llego la hora, primer examen, nuestro profesor que se encargaba de todos los tramites, de asegurarse que todo estaba en orden y que todos estuviéramos enterados de cuál era la clase en la que teníamos que realizar el examen. Por el apellido me toco en el Aula 7, entre en el edificio de Física y vi señales que indicaban las distintas aulas. Aula 7 arriba a la derecha, junto con el Aula 6. Rápidamente las escaleras que conducían al piso superior empezaron a llenarse de alumnos nerviosos, subiendo, bajando, estudiando apuntes, mirando hacia todas direcciones. Yo agarre la mano de mi mejor amiga, que por suerte le había tocado en la misma aula que a mí. Avanzamos ente el gentío, y llegamos hasta el Aula 7, más bien hasta la fila que empezaba en la puerta del aula. Unos noventa o cien alumnos entre los apellidos que comenzaban por la F hasta los que empezaban por L. empezamos a entablar conversación con los alumnos que teníamos alrededor, y la verdad es que me tranquilice al percibir que todos estábamos igual de nerviosos y que no había de que preocuparse. Yo me sabía todo y aunque en ese momento no me acordara de nada, supe que todo estaba en mi cabecita. Llegaron los tres profesores que estarían dentro del Aula 7 durante la realización del examen y empezaron los llamamientos. “Fernández”, “Garcés” “García” “González” “Hernández” y así sucesivamente hasta que todos entramos en el aula. Nos hicieron dejar las mochilas abajo y coger solamente lo imprescindible para la realización del examen, nos repartieron las hojas y las cabeceras de examen. Una vez sentados en aquella sala( que por cierto era horrible ya que el folio era más grande que la anchura de la mesa y había que girarlo para poder escribir y que el espacio entre el asiento y la mesa era bastante amplio, por lo que te tenias que sentar él en borde el asiento para llegar a la mesa) me gire a mi alrededor para buscar a alguien conocido pero termine hablando con las chicas que tenia a los lados, delante y detrás, es uno de los mejores momentos para hablar porque estas muy nerviosa y el tiempo se hace más ameno si hablas con alguien que si estas mirando al techo pensando que habrá caído en el examen. Esa media hora antes del examen que servía para hacer el llamamiento y entregar los folios y las cabeceras, además de hablar con todas las personas mencionadas anteriormente termino antes de lo esperado y finalmente llego un hombre con un paquete marrón en el que supuse que estarían los exámenes, se hizo un silencio colectivo y los profesores empezaron a repartir los exámenes, sonidos de satisfacción o en su defecto de que habían tenido mala suerte. Me repartieron el examen, leí las dos opciones, suspire aliviada, cogí el bolígrafo y empecé a escribir. A partir de ahí el resto de exámenes tenia la misma disposición excepto que algunos me toco en el Aula Magna con la mesa más grande y más cerca de los asientos. Esos tres días se pasaron volando pero me llevo una experiencia, es algo que suponía una madurez por mi parte y después de haberme enfrentado a segundo de bachillerato tenía que volver a demostrar todo lo que sabía. El día de antes de empezar los nervios reinaban en mí, pero después de pasar el primer día entendí que no era para tanto, que no es tan duro como lo pintan. Todo está en nuestra cabeza solo hay que concentrarse y hacerlo lo mejor que sepamos.

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