Me levante mucho antes de lo
normal, no me podía creer que ya hubiera llegado ese día, después de tanto
esfuerzo, tanto sacrificio, tantas horas, días, semanas, meses, llego el día en
el que tenía que demostrar todo lo que valía. Un doce de junio, la prueba de
acceso a la universidad se presentaba desafiante ante mí ese día. Desayune con
nervios y recogí los apuntes que se encontraban en el escritorio. Llegue
a la ciudad universitaria, busque el edificio que habían asignado a mi colegio,
el edificio de ciencias, en concreto el de Física, lo encontré y en la entrada
había varios grupos de estudiantes de mi misma edad y en mis mismas condiciones.
Busque con la mirada algún rostro conocido y vi a algunos de mis compañeros de
clase y algunos profesores. Avance hasta ellos y suspire. Ahí se formo un
nerviosismo colectivo, todos preguntando a la vez, “¿esto entra?” “¿Tu que te
has dejado de estudiar?” “¿Cómo se llama el autor de ese libro?” “Pero nos
llaman por apellidos o por el nombre” “¿Y las clases como son?” Era un caos
general, todos estábamos con esa sonrisilla nerviosa intentando recordar
mentalmente todo lo estudiado. Llego la hora, primer examen, nuestro profesor
que se encargaba de todos los tramites, de asegurarse que todo estaba en orden
y que todos estuviéramos enterados de cuál era la clase en la que teníamos que
realizar el examen. Por el apellido me toco en el Aula 7, entre en el edificio
de Física y vi señales que indicaban las distintas aulas. Aula 7 arriba a la
derecha, junto con el Aula 6. Rápidamente las escaleras que conducían al piso
superior empezaron a llenarse de alumnos nerviosos, subiendo, bajando,
estudiando apuntes, mirando hacia todas direcciones. Yo agarre la mano de mi
mejor amiga, que por suerte le había tocado en la misma aula que a mí.
Avanzamos ente el gentío, y llegamos hasta el Aula 7, más bien hasta la fila
que empezaba en la puerta del aula. Unos noventa o cien alumnos entre los
apellidos que comenzaban por la F hasta los que empezaban por L. empezamos a
entablar conversación con los alumnos que teníamos alrededor, y la verdad es
que me tranquilice al percibir que todos estábamos igual de nerviosos y que no
había de que preocuparse. Yo me sabía todo y aunque en ese momento no me
acordara de nada, supe que todo estaba en mi cabecita. Llegaron los tres
profesores que estarían dentro del Aula 7 durante la realización del examen y
empezaron los llamamientos. “Fernández”, “Garcés” “García” “González”
“Hernández” y así sucesivamente hasta que todos entramos en el aula. Nos
hicieron dejar las mochilas abajo y coger solamente lo imprescindible para la
realización del examen, nos repartieron las hojas y las cabeceras de examen.
Una vez sentados en aquella sala( que por cierto era horrible ya que el folio
era más grande que la anchura de la mesa y había que girarlo para poder
escribir y que el espacio entre el asiento y la mesa era bastante amplio, por
lo que te tenias que sentar él en borde el asiento para llegar a la mesa) me
gire a mi alrededor para buscar a alguien conocido pero termine hablando con
las chicas que tenia a los lados, delante y detrás, es uno de los mejores
momentos para hablar porque estas muy nerviosa y el tiempo se hace más ameno si
hablas con alguien que si estas mirando al techo pensando que habrá caído en el
examen. Esa media hora antes del examen que servía para hacer el llamamiento y
entregar los folios y las cabeceras, además de hablar con todas las personas
mencionadas anteriormente termino antes de lo esperado y finalmente llego un
hombre con un paquete marrón en el que supuse que estarían los exámenes, se
hizo un silencio colectivo y los profesores empezaron a repartir los exámenes,
sonidos de satisfacción o en su defecto de que habían tenido mala suerte. Me
repartieron el examen, leí las dos opciones, suspire aliviada, cogí el
bolígrafo y empecé a escribir. A partir de ahí el resto de exámenes tenia la
misma disposición excepto que algunos me toco en el Aula Magna con la mesa más
grande y más cerca de los asientos. Esos tres días se pasaron volando pero me
llevo una experiencia, es algo que suponía una madurez por mi parte y después
de haberme enfrentado a segundo de bachillerato tenía que volver a demostrar
todo lo que sabía. El día de antes de empezar los nervios reinaban en mí, pero
después de pasar el primer día entendí que no era para tanto, que no es tan
duro como lo pintan. Todo está en nuestra cabeza solo hay que concentrarse y
hacerlo lo mejor que sepamos.

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